Hay momentos en los que sabes que “todo está bien” pero el cuerpo cuenta otra historia: no descansas, te irritas por nada, te quedas en blanco en discusiones o te cuesta confiar incluso en personas que quieres.
A veces eso no es “carácter”, ni “drama”: son señales de trauma no resuelto. No hablamos de revivir el pasado, sino de comprender cómo tu sistema nervioso quedó protegido —y a la vez atrapado— en modos de supervivencia.
Entenderlo no te encierra en una etiqueta: te abre caminos para cuidarte.
¿Qué significa “trauma no resuelto”?
El trauma no resuelto es cuando una experiencia (o muchas) superó tus recursos en ese momento y el sistema aprendió respuestas para protegerte: alerta constante, desconexión, evitar, complacer, endurecerte.
Son estrategias inteligentes en su contexto; si se mantienen cuando el peligro ya no está, se convierten en cargas. No es culpa tuya. Y se puede trabajar de forma segura y gradual.
Señales en el cuerpo (cuando el pasado se nota en lo físico)
El cuerpo suele hablar primero. No es “todo psicosomático”; es un sistema integrado.
- Tensión muscular persistente (cuello, mandíbula, espalda), dolores de cabeza, bruxismo.
- Problemas digestivos (nudo, acidez, cambios intestinales) sin causa médica clara.
- Sueño alterado: costarte conciliar, despertares, pesadillas, o descanso poco reparador.
- Fatiga o “bajones” de energía sin explicación.
- Sobresaltos ante ruidos o cambios mínimos (hipervigilancia).
Si algo de esto te suena, el cuerpo está pidiendo seguridad más que rendimiento.
Te animo a ampliar más información en el post que escribí sobre hipervigilancia y ansiedad
Señales emocionales y relacionales
El trauma no resuelto tiñe la manera de sentir y de vincularte.
- Emociones que aparecen “a deshora”: ansiedad, rabia, tristeza súbita… o entumecimiento (“no siento nada”).
- Culpa y vergüenza que se repiten (“es mi culpa”, “yo provoco esto”).
- Miedo a la intimidad o a los conflictos: acercarte duele, alejarte también.
- Límites confusos (ceder de más por miedo a perder al otro) o rígidos (me aíslo para no sufrir).
- Complacencia (fawn): apaciguas para sobrevivir, aunque te traiciones un poco.
Si necesitas más información sobre este tipo de señales no dejes de leer el artículo sobre bloqueo emocional: por qué pasa y cómo salir o puedes leer también sobre qué es la disociación en el trauma.
Señales cognitivas
Los pensamientos son intentos de dar sentido a lo vivido. Es todo lo que te estás diciendo a ti misma.
- Creencias globales: “no valgo”, “no estoy a salvo”, “no puedo confiar”.
- Rumiación: darle vueltas a lo mismo sin llegar a nada.
- Dificultad para concentrarte o decidir; neblina mental.
- Lagunas o fragmentación de recuerdos (especialmente en eventos muy intensos).
Nombrar estas ideas no las fija: te permite cuestionarlas con apoyo.
Señales conductuales
Lo conductual suele ser muy visible —y malinterpretado. Es todo lo que estás haciendo para sobrevivir en tu día a día.
- Evitación de lugares, personas o temas que activan; también de decisiones.
- Hiperproductividad o control excesivo para “no sentir”; o, al contrario, procrastinación y parálisis.
- Uso de sustancias o conductas compulsivas para amortiguar (comida, compras, pantallas).
- Aislamiento progresivo, pérdida de interés por lo que antes te gustaba.
No son “malos hábitos”: son soluciones antiguas que hoy necesitan actualización.
Reexperimentación: flashbacks, intrusiones y pesadillas
Cuando el sistema intenta procesar lo pendiente, aparecen recuerdos intrusivos, flashbacks (sensación de que vuelve a ocurrir), o pesadillas.
Asustan, sí, pero son procesos que pueden volverse más suaves con práctica y acompañamiento.
Amplía en este post la información sobre flashbacks y recuerdos intrusivos
¿Es trauma o ansiedad?
Es una pregunta que importa porque ambos pueden coexistir.
A veces la ansiedad es la cara visible de un trauma no resuelto: tu sistema aprendió a anticipar peligros.
Si solo trabajas la ansiedad sin atender el origen, mejoras un rato pero vuelves al mismo lugar. Diferenciarlo permite un plan de tratamiento más efectivo.
Qué hacer ahora
No vamos a “arreglarlo todo” hoy. Sí podemos empezar a bajar un punto el sistema y a recuperar margen de maniobra. Vayamos paso a paso.
- Ponle nombre: “Esto son señales de trauma no resuelto. Mi sistema intenta protegerme.” Nombrar baja la culpa y activa el cuidado.
- Orientación al presente: fecha, hora, lugar; tres detalles del entorno (colores, texturas, temperatura). Repite 2–3 veces al día.
- Respiración con exhalación larga (3–6 o 4–7–8): 2–3 minutos, mejor por la tarde y antes de dormir.
- Kit de anclajes: aroma amable, piedra lisa, bebida tibia. Llévalo contigo; úsalo cuando notes activación.
- Registro amable (1 semana): “Qué me activa / Qué me ayuda”. Sin juicios; solo datos para conocerte.
- Límites con pantallas/ruido por la noche; microtransiciones entre tareas; pausas breves de movimiento suave (caminar, estirar, balanceo).
- Habla en tu idioma interno: cambia “tengo que poder” por “puedo ir poco a poco”, “hoy bajo un punto”.
Estas prácticas no sustituyen la terapia, pero preparan el terreno para que el trabajo profundo sea más seguro y efectivo.
Cuándo pedir ayuda y cómo trabajamos en Psicología Nakama
Busca evaluación profesional si las señales persisten más de un mes, interfieren en tu descanso, trabajo o vínculos, si aparecen flashbacks/disociación, si usas sustancias para sobrellevar, o si hay ideas de autolesión. Pedir ayuda es un acto de cuidado.
Nuestro enfoque es seguro y gradual:
- Fase 1: Estabilización y recursos: psicoeducación, respiración, grounding, anclajes, rutina de sueño, límites y apoyo social.
- Fase 2: Reprocesamiento: cuando tu sistema está más estable, trabajamos con EMDR o TCC centrada en trauma (exposición gradual y segura, trabajo con creencias de culpa/peligro).
- Fase 3: Integración: consolidar avances, plan de prevención de recaídas y guía para manejar disparadores futuros.
No forzamos escenas ni detalles: avanzamos a tu ritmo.
El objetivo no es olvidar, sino integrar para que el pasado deje de dirigir el presente.
Si te resuena lo que has leído, no tienes que poder sola. Podemos caminar esto juntas: con cuidado, con evidencia y a tu ritmo. Puedes agendar tu cita con nosotras aquí

